Transporte marítimo y su compleja ruta hacia la descarbonización

COP27 ha servido como fondo, al menos, para mostrar algunas buenas intenciones

En Sharm el-Sheij, Egipto, desde el 6- hasta al 18 de noviembre- se lleva a cabo la 27 Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático 2022, conocida como COP27 (Conferencia de las Partes de la CMNUCC). Sin embrago, con el deterioro económico mundial y la guerra en Ucrania mediante (que esta semana volvió a intensificarse) no se fijaron en la antesala muchas expectativas en cuanto a un nuevo impacto en el transporte marítimo, sector responsable del 3% de las emisiones mundiales, el cual no ha mostrado señales claras de una ruta definitiva hacia la descarbonización.

En todo caso, buenas intenciones y gestos no han faltado, en esa línea se puede citar un nuevo plan de acción, lanzado por organismos de la ONU, armadores y sindicatos que establece recomendaciones para mejorar las habilidades de la gente de mar para cumplir con los objetivos de descarbonización del transporte marítimo.

También se puede contar la “Declaración conjunta sobre el hidrógeno verde y el transporte marítimo verde”, firmada por los principales actores de la cadena de valor del transporte marítimo y los mayores productores de hidrógeno verde, en la que se comprometen a producir y utilizar de forma rápida y ambiciosa combustibles bajos en carbono basados en el hidrógeno verde durante la presente década con el fin de lograr la plena descarbonización en 2050. Contempla la puesta en marcha de buques de alta mar, comercialmente viables y de cero emisiones a partir de 2030; aumentar de la producción de hidrógeno verde hasta 5,5 millones de toneladas al año en 2030 y descarbonizar el sector a más tardar en 2050.

Transporte de combustibles

Lo complejo es el paso de las buenas intenciones a la puesta en marcha de las iniciativas, más aún, considerando que 2050 está a la vuelta de la esquina. Así lo demuestra el informe Shipping’s Role in the Global Energy Transition publicado el 15 de noviembre por el Centro Tyndall de la Universidad de Manchester, que pese a reconocer el importante papel que desempeñará el sector en el transporte de los combustibles verdes necesarios para cumplir los objetivos del Acuerdo de París, halló una enorme brecha enorme entre los proyectos anunciados por los gobiernos y lo que efectivamente se requiere para alcanzarlos.

A saber, el mundo necesita entre 50 y 150 millones de toneladas de hidrógeno bajo en carbono para 2030, pero los proyectos anunciados solo producirán 24 millones de toneladas para 2030, según la Autoridad Internacional de la Energía. Otro dato es que de los proyectos anunciados sólo el 4% cuenta con la decisión final de inversión. ¿Cómo apurar el tranco? El informe señala que se deberían introducir de mandatos para aumentar los porcentajes de hidrógeno verde, la creación de “créditos de producción” de hidrógeno o la provisión de mercados y precios garantizados para productores y consumidores de estos combustibles.

Emisiones del sector

En cuanto a cómo la industria marítima debe reducir su aporte de carbono en la atmósfera, las cosas tampoco están muy claras. Esto pese a la ruta diseñada por la OMI a través de las enmiendas a las normativas de MARPOL que comenzarán a regir a partir del 1 de enero de 2023 y en las que aplicarán por primera vez las calificaciones de eficiencia energética no solo sobre los buques nuevos, sino que se ampliarán al contemplar un “Índice de eficiencia energética de buques existentes” (EEXI) que se utilizará para calcular el Índice de intensidad de carbono (CII), el cual ha sido frontalmente criticado por MSC y Maersk.

Desde MSC se ha señalado que “la metodología propuesta [para el cálculo del CII] podría conducir a situaciones en las que la calificación del buque simplemente empeoraría porque pasa más tiempo en el puerto. Cuestionamos respetuosamente si esta consecuencia no deseada podría evitarse modificando la metodología” y a cambio propone “un indicador operativo que recompense a los buques más productivos”.

La Unión Europea ha optado por actuar por cuenta propia a través de la posible ampliación de su política ETS, o Régimen de Comercio de Derechos de Emisión en el que establece un “límite” a la cantidad de emisiones que diversas industrias pueden generar. Habrá que ver en la formulación definitiva si se impone la visión de aplicar un enfoque gradual para la industria del transporte marítimo durante los próximos cuatro años, a partir del 1 de enero de 2023 o la de una aplicación del 100% desde el inicio con una fecha a determinar.

¿Quiénes contaminan más?

Por supuesto las organizaciones no gubernamentales también tienen parte en este debate. Un reciente informe de Transport & Enviroment indica que la asignación de las emisiones por itinerario -en lugar de por bandera o por el lugar de compra del combustible- refleja como las principales economías del mundo acaparan las mayores emisiones con sus requerimientos de transporte marítimo. Así, el informe indica que las tres mayores economías del mundo, la Estados Unidos, China y la Unión Europea son responsables del 7,8%, el 15,1% y el 14,4% de las emisiones. Completan los 10 primeros puestos: Singapur (7,19%); Japón (5,2%), Australia (4,3%), Brasil (3,9%), India (2,8%), Corea del Sur (2,5%) e Indonesia (2,0%).

Entre las recomendaciones del informe destacan dos: que la COP27 debe “afirmar sin ambigüedad que el transporte marítimo internacional forma parte del Acuerdo de París” y que una vez que la descarbonización del transporte marítimo alcance una masa crítica, la OMI debería determinar fecha de eliminación global de las emisiones del sector.

Por MundoMarítimo

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